Nací en el barrio de Cabo de Gata que pertenece a Almería y que da nombre al Parque Natural. El mejor sitio del mundo para un niño, un lugar al lado de la playa y rodeado de campo con dunas de arena y tarays perfectos para hacer cabañas y espiar a los pájaros. Los mayores en cambio no estaban tan felices, calles de arena, sin agua potable ni alcantarillado, sin teléfono y con la luz que si iba a cada rato, genial para ver las estrellas pero no tan cómodo en el dia a dia.

Lo recuerdo como una infancia salvaje. Los barcos de pesca estaban frente al pueblo y corrían (subastaban) las almejas en la puerta del Bahía. Contando en duros hacia abajo: 100, 99, 98, 97… hasta que uno decía: “pa mí” y se quedaba con las almejas.
En esa época vino un tal Pedro el Italiano, plantó un autobús en la playa y abrió un chiringuito, así de fácil, lo mismo para montar un chiringuito como para meterse en la charca y perseguir a los patos.

Yo era todavía un niño cuando crearon el Parque Natural, recuerdo las reuniones con las asociaciones de vecinos, un poco perplejos sobre esa historia. Los promotores del Parque nos decían que en poco tiempo todos iban a estar viviendo del turismo que iba a venir, aunque pienso que no se lo terminaban de creer. Luego estaba lo de la “protección”, más de una vez escuché decir “¿que van a proteger, los lagartos?”. Y es que no era tan evidente, sabíamos que había playas muy chulas pero aparte de eso, en el horizonte solo se veían “matojos”.

Las cosas siguieron más o menos igual durante los siguientes años, el turismo no llegaba salvo en verano para la playa, y la mayoría segunda vivienda de almerienses. Mientras tanto en otros barrios del Parque como en San José, Las Negras, Rodalquilar o Agua-amarga empezaban a instalarse otro tipo de visitantes, atraídos por valores que nosotros seguíamos ignorando que existieran.

Del 10 al 17 de febrero de este año 2018, hemos recibido un grupo de senderistas del Deutscher Alpenverein DAV (Asociación Alemana de los Alpes) en Cortijo El Campillo.

Es el club de deportes de montaña más grande del mundo y una de las mayores asociaciones de deportes y conservación de la naturaleza en Alemania con 1.184.507 miembros.

El guía, Willi Kempf, vino en una ocasión anterior para conocer varias rutas de senderismo dentro del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar y sus alrededores, todas ellas diseñadas, experimentadas y grabadas en GPS por Martin Stegmann de la empresa de turismo activo Cabo Activo.

Cabo Activo estuvo asesorando, acompañando y cuando hubo necesidad facilitando el transporte al grupo de los 10 participantes en la experiencia.

 

 

El Molino de Fernán Pérez os ofrece en esta ocasión un recorrido sencillo, de escasa pendiente y una distancia corta.

Está dirigidos a aquellos que disfrutan descubriendo nuevos caminos y dedicando un tiempo diario al ejercicio físico al aire libre (caminar, correr, montar en bicicleta…) Estás inmerso en los Campos de Nijar profundos y esto hay que respirarlo, adentrarse en el paisaje y confundirse con él.

El relieve de esta zona del P.N. Cabo de Gata – Nijar es suave. Cerros de poca altura y ramblas serpenteantes son los elementos más característicos. Destacan la Serrata con el pico de Las Yeguas 361m de altura y el Risco de Bornos, que con 332m de altura nos abre una ventana a la costa.

Nuestra propuesta es un trayecto circular desde vuestra “casa molinera” a la Serrata.

Salimos temprano después de disfrutar de un abundante desayuno. Es noviembre, y aunque ahora sentimos la mañana fresca, sabemos que durante el día se alcanzarán los 20º. Las mochilas van cargadas de todo lo necesario: agua, fruta y almuerzo. Los más valientes hemos metido también bañador y toalla.

Apenas damos los primeros pasos, observamos que no somos los únicos transeúntes. El camino que linda con el terreno de la Casa Rural La Datilera es el de Santa Bárbara, paso de ganado y ruta de algún ciclista y senderista hospedado en la zona. Antaño también camino de mineros. Fueron muchas las minas explotadas en estas tierras aunque la de Santa Bárbara fue la de más profundidad y la que más trabajadores empleó.

Después de pasar algunas casas de campo colindantes, tomamos el camino de la izquierda en la primera bifurcación que nos encontramos. Justo antes contemplamos un antiguo aljibe en buen estado. Los aljibes son construcciones antiguas para la captación y acumulación del agua. Se construían estratégicamente cerca de la caída del agua (laderas, barrancos, ramblas). Con las lluvias torrenciales se llenaban y abastecían a los pobladores a nivel doméstico, agrícola, o ganadero.

En 20 minutos desde que salimos, llegamos a la rotonda de Las Bocas.

Justo en frente de casa (Casa Rural Cerro la Gorra) podemos divisar un camino de tierra que sube por las laderas y se pierde entre ellas, es el sendero que conduce a Cala Enmedio. No se encuentra en muy buen estado, abundan las piedras y los desniveles provocados por la erosión. Intransitable para vehículos, se aconseja ir a pie.

 

Este paseo es un recorrido por una de las zonas del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar que mejor conserva la huella de lo que fue la vida en los cortijos y las minas a principio del siglo XX en los campos de Níjar. Aquí el tiempo se ha parado en los años ‘60 cuando, después del cierre de las minas y la llegada del progreso, los pobladores del Valle del Hornillo abandonaron sus cortijos en búsqueda de una vida nueva, quizás más cómoda, más urbana. Muchos emigraron al norte de España, otros se trasladaron a los pueblos de colonización que el Instituto Nacional de Colonización de la dictadura de Franco creó en zonas interiores de la comarca.

El paisaje del Valle del Hornillo está moldeado por algo menos de 200 años de actividad humana. Durante siglos fué sólo pasto para el ganado, debido principalmente a la poca seguridad que ofrecían estas tierras, objeto de frecuentes ataques de piratas y bandoleros. Cuando durante el siglo XIX la situación se estabilizó, nuevos pobladores empezaron a ocupar las tierras y construir una red de cortijos que llegó a cubrir todo el territorio que hoy es el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar.

Hoy es todavía posible reconocer en el paisaje y sus cortijos en ruina el rastro de esa vida rural y de autoabastecimiento que caracterizó la economía de subsistencia de esta zona. Durante la primera mitad del siglo XX las minas de oro de Rodalquilar supusieron un nuevo empuje a la economía y al empleo en esta zona. El paisaje es también en este caso el testigo de las “cicatrices” que ha dejado la minería. Además de infraestructuras industriales abandonadas, se pueden encontrar caminos, túneles y grandes desmontes que han dejado desnuda una parte importante del cerro del Cinto, teatro principal de la explotación.

El paseo es un recorrido en 4 tramos, que visita 3 cortijadas históricas y las zonas mineras del Cerro del Cinto, por un total de 12km.