Cabo de Gata - ruta Cabo a Fondo

Conocer el Cabo de Gata a Fondo

Nací en el barrio de Cabo de Gata que pertenece a Almería y que da nombre al Parque Natural. El mejor sitio del mundo para un niño, un lugar al lado de la playa y rodeado de campo con dunas de arena y tarays perfectos para hacer cabañas y espiar a los pájaros. Los mayores en cambio no estaban tan felices, calles de arena, sin agua potable ni alcantarillado, sin teléfono y con la luz que si iba a cada rato, genial para ver las estrellas pero no tan cómodo en el dia a dia.

Lo recuerdo como una infancia salvaje. Los barcos de pesca estaban frente al pueblo y corrían (subastaban) las almejas en la puerta del Bahía. Contando en duros hacia abajo: 100, 99, 98, 97… hasta que uno decía: “pa mí” y se quedaba con las almejas.
En esa época vino un tal Pedro el Italiano, plantó un autobús en la playa y abrió un chiringuito, así de fácil, lo mismo para montar un chiringuito como para meterse en la charca y perseguir a los patos.

Yo era todavía un niño cuando crearon el Parque Natural, recuerdo las reuniones con las asociaciones de vecinos, un poco perplejos sobre esa historia. Los promotores del Parque nos decían que en poco tiempo todos iban a estar viviendo del turismo que iba a venir, aunque pienso que no se lo terminaban de creer. Luego estaba lo de la “protección”, más de una vez escuché decir “¿que van a proteger, los lagartos?”. Y es que no era tan evidente, sabíamos que había playas muy chulas pero aparte de eso, en el horizonte solo se veían “matojos”.

Las cosas siguieron más o menos igual durante los siguientes años, el turismo no llegaba salvo en verano para la playa, y la mayoría segunda vivienda de almerienses. Mientras tanto en otros barrios del Parque como en San José, Las Negras, Rodalquilar o Agua-amarga empezaban a instalarse otro tipo de visitantes, atraídos por valores que nosotros seguíamos ignorando que existieran.

Cabo de Gata Cucaña
Cabo de Gata Barco pesquero
Cabo de Gata - ruta Cabo a Fondo
Cabo de Gata - ruta Cabo a Fondo

Entonces me fui a “conocer el mundo” y pasé 8 años de mi vida dándole vueltas, esto me permitió aprender algún que otro idioma y sobre todo redescubrir a la vuelta otra vez el Cabo de Gata, con la perspectiva que te da la distancia. Así que me dije “quiero volver”, pero ¿para hacer que?. Así que como además de viajar había conseguido ahorrar algo de dinero me dispuse a tomar la decisión más inconsciente e irresponsable que podía haber tomado, montar una empresa de paseos en barco, “El Cabo a Fondo”.

Con muy poca experiencia en el mar y en las empresas, las cosas salieron como tenían que salir, mal. Ahorraré aquí los detalles de mis fracasos.

A pesar de que todo se hizo bastante mal el negocio salió adelante, tal vez por cabezonería, o por el apoyo de toda mi familia o porque todavía había pocas empresas y el entorno es tan bonito que se vendía solo, así que acabamos aprendiendo.

Y es que era una época que había una apuesta fuerte por la formación y se organizaban cursos sobre guías del Parque en los que descubrimos los valores ambientales. Cuando te explican las cosas se abre un mundo desconocido. Esos cursos los daba José Manuel Marín, un biólogo con una amplia experiencia en la educación ambiental con el que me une una gran amistad desde entonces y que ahora, con la ausencia de fondos para la formación se ha reconvertido creando “EcoÁgata”, una empresa de eco-snorkel y servicios ambientales.

Han pasado los años y finalmente el boom turístico ha llegado, miles de viajeros nos visitan cada año, la temporada se alarga rompiendo poco a poco la estacionalidad, las empresas de turismo activo florecen y por fín se está creando una economía en torno al Cabo de Gata… así que ahora tenemos otro tipo de problemas. Las playas se saturan, el mar se llena de kayak y de barcos, los coches se embotellan en las carreteras y un número creciente de curiosos deambulan por cada rincón del Parque. Y no solo eso, cuando más necesaria es la formación, aquellos cursos que nos enseñaban a conocer la naturaleza han desaparecido.

Y nosotros seguimos aquí, navegando, un poco con la sensación de culpabilidad de contribuir a la saturación pero intentamos compensarlo provocando que los viajeros vean el paisaje de otra manera. Nuestra relación con la naturaleza ya no es la de la mera supervivencia luchando para extraer el jugo de cada animal, planta o piedra. Ahora podemos ver los peces y recrearnos en su belleza o estudiar el sutil equilibrio de las plantas en este entorno tan inhóspito. Esta época nos proporciona un privilegio del que no disfrutaron nuestros antepasados, y es que por mucho que el presente nos deslumbre hay un pasado lejano y remoto en cada rincón del paisaje.

A veces, cuando el mar está en calma me gusta alejarme de la costa, desde allí se pierde el detalle pero tenemos una perspectiva amplia y limpia, desde lejos, podemos viajar en el tiempo, a cuando el mediterráneo era el mar de tethis, imaginar cómo África se ha ido acercando a Europa arrastrada por la falla que creó estos volcanes.

Ahora vemos al barronal y nos parece un paraíso, pero en un tiempo no tan lejano pienso en aquellos hombres que picaban la piedra volcánica para sacar adoquines, sudando en aquel lugar perdido del mundo y pensando qué mal habían hecho para acabar en aquel infierno. Y es que el tiempo pasa y nuestra perspectiva del mundo cambia. No hay una única forma de entender el paisaje ni la vida, pero si abrimos los ojos y la mente y nos cuentan lo que hay detrás del matojo un mundo nuevo se abrirá ante nosotros.

Espero no haberme extendido demasiado, solo desear a los viajeros que nos visiten si navegan con nosotros que vamos a intentar que aprendan y disfruten pero que no les garantizamos nada, para que la experiencia se complete deben ser curiosos y preguntar y aportarnos sus experiencias para enriquecer la historia, ese es el trato.

Bienvenidos al Cabo de Gata.

Carlos Aldavero Losilla
elcaboafondo.es

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Asociación Alojamientos Rurales Cabo de Gata-Níjar

Colaboración

Carlos Aldavero Losilla elcaboafondo.es